Las redes de distribución eléctrica y el problema del almacenamiento

Las redes de distribución eléctrica y el problema del almacenamiento

No es nada nuevo que el sector energético se encuentra en un momento de transición, para asegurar la sostenibilidad y el cuidado del planeta. Y para lograr esa transición será fundamental la digitalización de la red eléctrica y el uso de diferentes tecnologías, entre las que destaca la introducción de las telecomunicaciones y el 5G.

 En este marco cabe preguntarse, por un lado, si la red eléctrica está preparada para el mundo digital. Y, por otro, qué alternativas deben desarrollarse en el futuro, entre las que destaca la búsqueda de sistemas que permitan el almacenamiento de la energía.

Un breve mirada a la red de distribución eléctrica actual

Si dirigimos la mirada hacia España o Europa, no cabe duda de que contamos con unas redes muy robustas. Sin embargo, estas redes todavía no están preparadas para la transición energética, por una falta de digitalización. Lo instalado actualmente servirá como base, pero va a ser necesaria una gran inversión para incorporar las distintas tecnologías necesarias.

Una de las tecnologías más importante será la de las telecomunicaciones. Debemos de tener en cuenta que las redes son dispersas y diversas, y que el problema de las telecomunicaciones no está resuelto en todos los lugares. Por ejemplo, contamos con muchas redes subterráneas a las que no parece sencillo hacer llegar el 5G.

Conceptos clave que condicionan el desarrollo de la red eléctrica

Antes de dirigirnos hacia la transición energética, es importante tener en cuenta algunas ideas clave sobre la energía y las redes eléctricas:

  • Desde la mirada de la física, el sistema eléctrico tiene que funcionar en tiempo real, confrontando producción y consumo. No es fácil alcanzar la fiabilidad y calidad del suministro de que disponemos actualmente en Europa. Y tampoco lo es encontrar soluciones de almacenamiento que rompan este principio.
  • La energía es un producto de por sí peligroso, lo que es clave al saber cómo se operan y mantienen las redes eléctricas. Por ejemplo, no es lo mismo mantener una red de telecomunicaciones que una energética, por las potencias necesarias y dificultades que se plantean.
  • A lo largo de la historia, el sistema eléctrico y las redes se diseñaban partiendo de una producción centralizada para aprovechar las economías de escala. Sin embargo, estamos pasando a una producción dispersa, de distinto tamaño y categoría. La tecnología ayudará a dar respuesta a un consumo más inteligente, en el que encontramos modelos como el auto consumo, la gestión del excedente de energía y una mayor flexibilidad.

¿Alcanzaremos el almacenamiento de grandes cantidades de energía?

Por suerte, las tecnologías se encuentran en constante evolución. Igual que hace 10 años la tecnología era mucho más costosa que ahora, parece que en el área de las baterías y el almacenamiento también podemos esperar buenas noticias. Este almacenamiento es consustancial a la transición ecológica, ya que el despliegue masivo de renovables puede resultar ineficiente para el sistema eléctrico y las redes.

Lo cierto es que el desarrollo del almacenamiento irá muy ligado al despliegue del vehículo eléctrico, que ayudará a crear economías de escala. Aunque sean productos diferentes, ambos sectores cuentan con elementos comunes, y queda por ver si se resuelve la incertidumbre respecto a materias primas como el litio o si se desarrollan otras formas innovadoras de almacenamiento.

En este marco cabe preguntarse, por un lado, si la red eléctrica está preparada para el mundo digital. Y, por otro, qué alternativas deben desarrollarse en el futuro, entre las que destaca la búsqueda de sistemas que permitan el almacenamiento de la energía.

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